sábado, 31 de enero de 2015

Levántate y continúa



Te caerás. Lo sé, y tú también lo sabes.
Una vez que estés en el frío y duro suelo, te preguntarás si serás capaz de volver a ponerte en pie.
Sólo tú conoces esa respuesta. Pero ambos sabemos lo que pasará. ¿No es cierto?
En efecto, te levantarás y continuarás a pesar de ese traspié.
Pues ello no debe detenerte en tu empeño de continuar hacia adelante. Aún queda mucho camino por recorrer.
¿Hacia dónde te diriges? ¿Sigues el rastro de alguien? ¿Pretendes ir en su busca?
Ya veo. No me equivocaba contigo. Eres un animal. Igual que yo. Un depredador que no cesará en su empeño de capturar su ansiada presa.
Espero de veras que triunfes en tu gran aventura. No lo dudes. Continúa y no mires atrás.
No, espera. Sí debes mirar atrás. Tienes que ver los caminos que has elegido. Ver en qué intersección giraste a este u oeste, a izquierda o derecha. Ver qué giro tomaste y qué dirección elegiste. Tienes que saber dónde tropezaste. Dónde te caíste y volviste a levantarte.
Te caíste. Lo vi, y tú también. Tendida en el suelo estabas, mas te arrodillaste y erguiste de nuevo.
En ese instante, la presa que seguías consiguió eludirte. Era astuta. ¿Quién se lo iba a imaginar? Sin embargo, no cabe duda alguna de que tú la alcanzarías al final.
Sé lo que estarás pensando. Que yo sí que sabía lo que iba a pasar. Te equivocas en parte. Yo suponía lo que pasaría, pues he vivido una situación similar. Y, en ocasiones, continúo repitiéndola. Pero, ¿me detengo? No, no lo hago. Y, tú tampoco deberías.
Vamos, no pares ahora. El camino es largo y duro. Te tropezarás más de una vez. Te caerás, Mas volverás a ponerte en pie y proseguirás la marcha.
Las puertas se irán cerrando tras haberlas pasado. No obstante, podrás ver a través de las ventanas qué ruta tomaste. Si acertaste en tu decisión es algo que el tiempo dirá. Aunque conociéndote, diría que vas por el camino.
El camino será largo y lleno de obstáculos. Te caerás. Pero no lo harás sola. Ahora ya tienes a alguien que te ayudará a levantarte para poder reanudar la marcha.
Éramos unos lobos solitarios que se cruzaron en un oscuro bosque mientras buscábamos a nuestras presas. Parece que lo que nos encontramos no era lo que se esperábamos. ¿O sí?
Ahora somos dos lobos corriendo a través de los campos y los bosques. Cayendo en innumerables agujeros y trampas. Y, pese a que caigamos, nos levantaremos; pues, hay que continuar. Vamos siguiendo las huellas de nuestra meta final.
Aunque te caigas, levántate y continúa. Sigue hacia delante.


lunes, 14 de julio de 2014

Lo encontré en el bosque

     Al final lo hice. Estaba harto de tanta monotonía, del acero, cristal y hormigón. Cuando el director me dio el visto bueno, sentí un gran alivio. Lo había estado posponiendo desde hace años. No lo necesitaba cuando me llegó mi turno, así que se lo cedí a otro compañero. Sin embargo, el año pasado ya no podía más, el estrés me comía por dentro. Había tenido algunos problemas familiares y laborales que lo agravaron aun más. Así que, cuando fui al psiquiatra me recomendó que me tomara unas vacaciones. Unas largas vacaciones.
     Me concedieron un año sabático para alejarme de las clases. Para descansar y estar a gusto elegí un pequeño pueblo del norte del país. Se encontraba cerca de las montañas, con un gran bosque a su alrededor.
    ¿Por qué elegí ese pueblo? El Bosque de la Ladera era su nombre, no era muy original, pero resumía bastante bien su geografía. Era un pueblo levantado hace cientos de años por leñadores y sus familias. Un gran bosque que se extendía por toda la cordillera: hayas y robles en la parte inferior, abetos y otras coníferas en la superior; aunque, debido a la deforestación, la mayoría de las hayas y robles habían sido sustituidos por eucaliptos, de rápido crecimiento. Los habitantes se establecieron allí gracias al río que bajaba desde el pico de la montaña y a que estaba orientado hacia el sur, con lo cual los inviernos no serían muy fríos. Agua y fuente de ingresos eran dos puntos a su favor. Cuando la industria maderera empezó a flojear a mediados del siglo pasado, tuvieron que cambiar su modelo económico. Turismo rural fue la respuesta. Abrieron paradores y algunos hostales en el centro del pueblo y en las afueras del mismo. Su paisaje atraía en las vacaciones a no muchas personas, pero las suficientes como para mantenerlo vivo. Además, habían establecido algunos campos de cultivo y zonas de ganadería, al final de la ladera, para complementar su economía.