jueves, 5 de enero de 2012

Esperando un nuevo día

Antes, me costaba mucho levantarme por las mañanas. Siempre tenía que buscar una nueva razón por la que mereciese la pena despertarse. Por desgracia, la encontraba. No era personal. Pensaba en los demás, en qué harían si desapareciese. Veía que, tal vez, estarían mejor sin mí. El mundo que contemplaba era poco alentador. No merecía la pena seguir luchando. No estaba hecho para este mundo. Tenía dos opciones: quitarme de en medio u ocultar lo que sentía. De ser así, ¿sería bueno o malo? Depende del punto de vista. Pero yo lo veía todo oscuro, como si un manto de oscuridad me envolviese. Intentaba hacer ver a los demás que todo iba bien, pero no era así. Lo que hacía era proyectar sentimientos de preocupación hacia mis allegados. Ellos se preocupaban por mí. Pero, ¿por que lo hacían? ¿Cuáles eran sus motivos para querer animarme? Ellos tenían sus problemas propios y yo no hacía más que incordiarles con los míos. Aun así, seguían ahí, a mi lado. Me hicieron ver que no tenía porqué preocuparme. Las nubes negras de la tormenta de la desperación y la angustia se disiparon. Se apareció ante mí un cielo despejado y soleado. Por fin veía el camino con claridad. En él estaba la causa principal de mi nuevo y mejorado estado de ánimo. Encontré la felicidad en ella. Ahora, estaré deseoso de que llegue un nuevo día, para poder estar junto a ella.

Nota: Este texto lo escribí a principios de Diciembre de 2011. Sin embargo, hasta ahora no he podido publicarlo en mi blog.

viernes, 26 de agosto de 2011

Nuestro futuro (ensayo filosófico)

Es imposible saber si será hoy tu final... Nadie sabe lo que nos guarda el futuro, porque somos nosotros quienes hacemos nuestra historia, no hay destino, no estamos predestinados, el futuro no está preestablecido. Nosotros somos quienes tomamos nuestras propias decisiones y no un "ser" supremo, que (tal vez) no exista, siendo éste un algo que (según algunos) ya tiene un plan maestro para todos nosotros.
¿Tonterías? Posiblemente, nadie se haya dado cuenta de que nuestra sociedad haya evolucionado; es decir, haya experimentado diversos cambios (por suerte o por desgracia) gracias a ciertas personas o hechos concretos a lo largo de la historia. Éstos han hecho que nosotros nos encontremos en esta situación, la cual puede ser buena o mala dependiendo de cómo se miren las cosas. Pero esto no es solamente aquí, sino en todas partes. Nadie se encontrará a salvo de las opiniones ajenas mientras sigamos actuando tal y como lo llevamos haciendo durante siglos.
Debemos luchar por nuestros derechos, tenemos que defendernos, si no lo hacemos nosotros mismos, ¿quién lo hará?
A lo mejor merecemos lo que nos está pasando. En la propia naturaleza del ser humano se encuentra la autodestrucción, a la que sí estamos predestinados (como nos ha demostrado la propia historia) desde que existimos.
Somos unos seres terribles que están destruyendo su único hogar, a lo cual, sólo unos pocos se atreven a hacer algo para evitarlo. Los demás siguen igual que siempre.
Nuestro futuro parece incierto.


Aclaraciones:
Este texto fue un comentario reflexivo que escribí el día 10 de junio de 2007. Según creo recordar fue para alguna actividad de la asignatura de Filosofía de Bachillerato. El tema era sobre el futuro del ser humano. El resultado es el que acabáis de leer.

domingo, 14 de agosto de 2011

La Libertad (ensayo filosófico)

La libertad, según la RAE, es la «facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos». Pero, ¿la libertad realmente es posible? ¿Puede el ser humano despojarse de las leyes físico-biológicas, del destino, de los condicionamientos sociales y demás, para poder diseñar sus propios proyectos de vida libremente? Antes de intentar responder a estas cuestiones, ¿se sabe qué es la libertad? La libertad puede entenderse fundamentalmente de tres formas: la primera es «libertad como ausencia de obstáculos», otra manera de concebir la «libertad como capacidad de elegir», por último, «libertad como capacidad de crear». Estos modos de ver la libertad son contemplados por varias disciplinas (entre ellas la Filosofía). Sin embargo, a lo largo de la historia, se han observado distintas formas de ver y/o entender la libertad, además de distintas posturas tanto a favor como en contra.
Tenemos, por ejemplo, a San Agustín y su concepción de libertad. Este personaje, uno de los primeros en pensar sobre este tema, distinguía “libertad” y “libre albedrío”. Para él la primera es el anhelo de amar el supremo bien y de satisfacer así la búsqueda humana de la felicidad; pero, lo segundo consiste en la capacidad de decidir libremente, pero siendo una débil y frágil capacidad por consecuencia del pecado original. Como consecuencia de esta visión de la libertad, se llegó a la conclusión de que el hombre decidía en cosas con poca importancia, pues Dios lo tenía ya todo predispuesto. Esta postura podría calificarse, hoy en día, de «determinista». Por consiguiente, una tesis determinista es aquella que sostiene que las cosas suceden de modo necesario, inevitable, siguiendo el principio de causalidad. Esto es, todo lo que ocurre es por una causa. Claro es que San Agustín no era determinista (obviamente él no conocía ese término); sin embargo, un personaje que creía en el determinismo era el físico Laplace, no como el filósofo Kant (que ya en el siglo XVIII se vio obligado a enfrentarse con el problema del determinismo). Pues, entonces, el determinismo es una postura que no defiende la libertad. Por otro lado, a favor de la libertad disponemos de nuestra propia certeza interna: existen circunstancias en que sentimos que obramos libremente; en otras, en cambio, nos sentimos coaccionados por causas externas o arrastrados por emociones internas. Además, resulta difícil admitir que los fenómenos externos del ámbito humano puedan haber estado decididos desde el inicio de los tiempos. A pesar de esto, existe una teoría científica llamada «principio antropocéntrico», que dice que el ser humano existe porque el Universo es de esta manera, tal y como lo “conocemos”, y no de otra. No obstante, el determinismo tiene a su favor éxitos indiscutibles en el terreno de la ciencia (sobre todo en las de la Naturaleza). Más aun, los humanos parecemos estar hechos para pensar en términos de relaciones causales. La solución a este problema (al de si es posible la libertad en el ámbito humano) no es, por ello, fácil. Entonces, no se debe olvidar tampoco que defender la existencia de la libertad no significa cerrar los ojos ante las circunstancias concretas, que pueden hacer que esa libertad quede reducida a mínimos. Con respecto a esto, ya decía Hegel que los esclavos de la antigua Roma que aceptaban entusiasmados las doctrinas estoicas aprendían a sentirse libres interiormente, pero su libertad real (en sus vidas cotidianas) no existía, por lo que su supuesta libertad interior resultaba ilusoria. No se debe, por lo tanto, confundir la libertad como una posibilidad humana. Por otro lado, el filósofo Sartre (el representante más destacado del existencialismo, que dice que lo principal en el hombre es la libertad; además, era contrario al determinismo) consideraba que el hombre es responsable de todas sus acciones, incluso de sus pasiones. En cierto modo elegimos las pasiones que queremos tener. Esto quiere decir que, en tanto somos radicalmente libres, somos responsables de nuestras acciones. Pretender huir de la responsabilidad de nuestras acciones atribuyéndolas a las pasiones, a Dios, al ambiente, a la herencia genética, etc., no es sino “mala fe”, es decir una forma de autoengaño; nosotros hemos elegido hacer esas acciones. Por ello se puede decir que “estamos condenados a ser libres”. A pesar de todo, existen personas que tergiversan el significado de la libertad o “no lo conocen”. Unos serían los quebrantadores de leyes (anarquistas, terroristas, separatistas, etc.), que no entienden que la libertad no es hacer lo que a uno le venga en gana (con el fin de obtener algo u otros motivos); los otros, serían los “esclavos” (que todavía hay; pero no en este sentido, serían los que viven bajo una dictadura, aquellos que saben que son objetivos de asesinos y por el miedo no se atreven a salir…). Y, también, está la famosa frase «mi libertad acaba donde empieza la del otro». Esta expresión es, por así decirlo, una máxima universal que todos conocen y pocos la aplican a la vida diaria. Además, hay otra libertad que aún no ha sido mencionada: la libertad de expresión. Es de todos sabido que ésta no se lleva a cabo en todos los países, sin embargo, los nuevos medios de comunicación (sobre todo Internet y TV) han contribuido al desarrollo de esta libertad, ahí puedes informarte, comunicarte… sobre muchas cosas.
En conclusión, aunque se ha avanzado en el tema de la libertad, no se ha conseguido que haya una sociedad civilizada a nivel mundial en que haya una libertad e igualdad para todos. Esto, a pesar de que parezca una idea utópica, podría ser posible si no fuese por lo que hacen algunos sujetos: daño, muerte, dolor, atentados terroristas, robos, corrupciones, fanatismos de todas clases, y muchas más cosas que impiden una mejoría de la civilización humana en la cual haya paz y armonía.


Aclaraciones:
Este texto lo escribí hará ya unos años, cuando estaba en el Bachillerato. Era para la clase de Lengua y Literatura. Para que fuéramos aprendiendo a redactar argumentaciones y breves ensayos. El tema que nos dieron en aquel momento fue el de la libertad. El resultado es el que acabáis de leer.