lunes, 6 de junio de 2016

Un último vistazo

     —¡Mírate, maldito seas! —gritó enfurecido—. Contempla en este espejo en lo que te has convertido. ¡No! Ni se te ocurra agachar la cabeza ni mucho menos cerrar los ojos. ¿Sabes el sufrimiento que has provocado? Sí, lo sabes muy bien. Todo esto es por tu culpa. A esto hemos llegado. Ya no me queda nada. Pero eso va a cambiar. Te lo aseguro. No volverás a hacer daño a nadie más. Ella tenía razón. Si sólo la hubiera escuchado, esto no habría pasado. Sin embargo, la ignoré como un necio, ¡por ti! Ahora me arrepiento de ello, pero ya es tarde, mi viejo amigo. ¿Qué? ¿Ahora estás llorando? Pobre infeliz. Eso no te salvará. No pienso perdonarte. Aunque, lo que sí que haré, será poner fin a tu sufrimiento.
     Apuntó el cañón de la pistola hacia su sien. Echó un último vistazo a su propio reflejo en el espejo. Las lágrimas le recorrían las mejillas. Cerró los ojos.
     —Gracias —dijo sonriente antes de desplomarse en el suelo.





Nota: Con este texto participo en el concurso “Literatura a mil”, patrocinado por Signo Editores & Hablando con letras.
El microrrelato se encuentra disponible en la web del concurso para su votación. Para votar, tenéis que acceder al siguiente enlace:
A continuación, sólo tenéis que hacer clic en el corazón que hay al final del texto, sin necesidad de que os registréis. Podéis reenviar el enlace a quien queráis sin ningún problema. Muchas gracias por vuestra colaboración.

 

martes, 24 de mayo de 2016

¿Depende la felicidad de tu personalidad?

¿Eres de los que suelen ver más el vaso medio lleno antes que medio vacío? Si respondes afirmativamente a esa pregunta, eres seguramente una persona feliz por naturaleza. Pero, ¿crees que eso sería diferente si hubieras nacido en otro tipo de sociedad o tuvieras otro estilo de vida? Si es así, coincido con tu opinión. Ya que, tu personalidad se crea y desarrolla dependiendo de dónde hayas nacido, el ambiente que te rodee y otros factores externos.

martes, 19 de abril de 2016

Transformación en el frío


         Desperté entre espasmos, tiritando de frío. Me costó incorporarme. La cabeza me daba vueltas. Me encontraba rodeado de árboles, cubiertos de nieve. Me puse en pie y me sacudí bien para quitarme la nieve acumulada en mí. Tenía que regresar a casa antes de que anocheciera y me congelase.
         Los pies se iban hundiendo en la nieve mientras caminaba para salir cuanto antes de este bosque.
         Sentí un dolor súbito en las sienes, como si me atravesaran con un taladro. Se me nublaba la visión. Un pitido en los oídos me ensordeció. Caí de rodillas. Sentía pinchazos por todo el cuerpo. La mandíbula me dolía a horrores. Unos temblores me recorrieron todo el cuerpo. Exhalé un grito de dolor.